Oct 27

Marco Mora Reyes: «Una inédita e histórica alegría en Chile»

Asistí a votar a media mañana junto a mi hijo, para quien era el comienzo de su vida cívica; al igual que mi primera votación a los 18 años, en donde también fue para un plebiscito, el de 1988, que marcó otro cambio en Chile. Sin embargo, este 25 de octubre del 2020, Chile vivió un fenómeno político y social inédito en la historia de nuestro país. El único y más grande evento social y democrático en poco más de 200 años de vida republicana.

Exactamente hace un año atrás se vivía un estallido social que nos golpeó a todos por sorpresa; en lo personal lo califiqué de estallido valórico, porque las instituciones públicas y privadas transgredieron sus valores y el contrato social que había imperado en Chile durante los últimos 30 años.  Aunque los ciudadanos soportaron pacíficamente, con una apatía por la política, de repente no se aguantó más y se llegó a la gran manifestación del 25 de octubre del 2019, pasando por lamentables hechos de violencia callejera que traen las manifestaciones.  Un año después el 78% de los chilenos optamos por aprobar escribir una nueva constitución a través de una convención constitucional, en medio de una jornada llena de ejemplos de civismo, convicción, fe y esperanza, que remató con gran alegría y fiesta ciudadana en medio de esta pandemia, al conocerse los contundentes resultados.

¿Qué tiene de inédita e histórica esta alegría en Chile?

Desde que Chile intenta comenzar su vida independiente en 1810, cada cierta cantidad de décadas, el país entra en una crisis política-social y económica con consecuencias que han dejado cicatrices en la historia. La guerra civil de 1829 y 1830 en donde cae derrocado en la batalla de Lircay Ramón Freire y da comienzo a la era de gobiernos conservadores, y luego tres años después, se escribe la constitución del 1833 en medio del régimen autoritario de José Joaquín Prieto, quien no respetó los artículos de modificación de la constitución del 1828 de la naciente república chilena.

Casi 60 años después y con guerra del pacífico de por medio el año 79, se viene la guerra civil de 1891, donde se suicida el presidente Balmaceda, dando paso a la era parlamentaria que termina posterior al “ruido de sables” y golpe militar del 1924 y 1925 liderado por Carlos Ibañez del Campo. El país sigue convulsionado hasta el año 1932, cuando democráticamente se vuelve a elegir al derrocado Arturo Alessandri Palma. Durante un nuevo conflicto se escribe otra constitución para Chile, la del año 1925.  Entre esos años hay más convulsiones político-sociales, pasando por la fugaz “república socialista” de Marmaduke Grove del invierno del 32. Para que luego de Alessandri lleguemos a los reformadores gobiernos radicales, que bien representaron a la clase media durante 14 años; los cuales terminan con la llegada de un democrático y renovado Ibañez en la elección del año 1952. En 1970, Salvador Allende gana las elecciones presidenciales, convirtiéndose en el primer gobierno socialista-marxista en el mundo, que llega al poder por vía democrática.   Todos sabemos la historia en que terminó, con un Chile siendo experimento de la Guerra Fría mundial que había en esos momentos en el planeta y se viene el golpe militar del 11 de septiembre del 73. La década del 70 fue marcada por una dictadura cívico-militar, con graves violaciones de los derechos humanos y libertades personales, y con la tarea de reconstruir la alicaída vida económica del país. En ese contexto de años conflictivos se promulga la constitución de 1980, votada sin registros electorales ni colegios escrutadores, pero peor aún sin la discusión cívica que su redacción debería haber tenido en tiempos modernos, como tampoco existió la libertad de fundamentar públicamente la opción rechazo para quienes no estaban de acuerdo con dicha carta magna.

La historia patria nos demuestra, hasta ahora, que nuestras constituciones están marcadas con una liturgia de crisis, guerras civiles, derrocamientos de gobiernos, presidentes muertos o exiliados y heridas profundas en la sociedad. Sin embargo, 47 años después del golpe de estado del 73, hoy los chilenos tenemos la oportunidad, por primera vez en su historia de redactar una constitución, sin un ruido de sables, sin un golpe militar que la antecediera, o una guerra    que socavara la convivencia nacional. Ya no necesaria la muerte o el suicidio de un presidente. No se hace necesario el exilio de compatriotas, como fueron acompañadas la promulgación de las constituciones anteriores.

Luego de haber aprobado por un 78% el cambio de la Constitución y con un 79% hacerlo a través del mecanismo de una convención constitucional, esta es una constitución que va a nacer en paz. Ya no más entre cuatro paredes, ya no más en medio de una crisis política de envergadura. No obstante, la irrupción de un estallido social-valórico qué pretendió socavar la convivencia nacional, imperaron las ansias de paz y de acuerdo nacional.

El contundente triunfo del 78% cimienta aún más la Paz de este proceso. Se le debe a la ciudadanía, a las personas que estamos de acuerdo en cambiar la constitución y al 22% del rechazo que dignamente y en paz hizo ejercicio de su opción y con ello valida este proceso democrático. Ningún partido político se puede adjudicar este éxito por si sólo, pues ningún partido político tiene hoy en Chile el 78% de apoyo.  Y como este es un triunfo ciudadano, la invitación es también para el 22% que optó por el rechazo, para que juntos dentro de la convención constitucional escribamos una nueva carta de navegación que nos acompañe en las próximas décadas.  Esta nueva constitución es una oportunidad para anticiparse a los grandes cambios que se avecinan para la humanidad, donde las nuevas tecnologías nos están desafiando día a día, junto a la acelerada generación de conocimientos que están cambiando paradigmas en el mundo. También deberá considerarse que, para lograr mayores niveles de prosperidad, el crecimiento y desarrollo económico debe ser sostenible, en equilibrio armónico con la ecología. Es decir, estar en función de generar un bienestar sustentable para nuestra sociedad.

Esta carta magna: moderna, redactada en paz y de todos, puede contener los nuevos derechos y deberes que implica el cambio a una consciencia más colaborativa en todas las áreas de convivencia.

Que permita entender que todos importan y que valiosas y diferentes ideas, de izquierdas y de derechas; ricos y pobres; trabajadores y empresarios; mujeres y hombres; pueblos originarios-mestizos e inmigrantes, juntos, puedan construir una nueva constitución para un Nuevo Pacto Social-Político. Una que se elabore de abajo hacia arriba, que sea legítima y duradera. Inspirado en una profunda Reconciliación y basado en los principios de la Solidaridad, Fraternidad, Equidad e Igualdad de Oportunidades.

Hoy con este sólido, inédito, histórico y alegre triunfo ya no es necesario consumir miedo; se debe determinar CONVICCIÓN. Con este triunfo de la democracia, ya no es necesario recibir división, se debe dar RESPETO.

Creo en un Chile mejor y en tolerancia a nuestras diferencia para redactar juntos una nueva Constitución.


Marco Mora Reyes es Odontólogo, Mg. en Psicología Organizacional, Empresario PYME, y miembro colaborador de la Corporación de Investigaciones Sociales (CISO)