Marco Moreno Pérez: «La irrupción de los independientes ¿fin de los partidos de la postransición?»
Ene 23

Marco Moreno Pérez: «La irrupción de los independientes ¿fin de los partidos de la postransición?»

Como sabemos los resultados de la reciente entrega de la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) no solo trajo malas noticias para el gobierno. Los datos parecen confirmar también, que se rompió irremediablemente la relación entre política y ciudadanía. Estaríamos entramos en un periodo de interregno político.

En sus Cuadernos de la Cárcel, Gramsci desarrollo sus reflexiones en torno a la realidad y el concepto de las crisis y la describió como ese interregno en el que lo viejo agoniza y lo nuevo no puede, todavía, nacer; agregaba que en tal circunstancia aparece una gran variedad de síntomas mórbidos: una serie de enfermedades sociales. Debemos preguntamos si una de estas corresponde al fin de la cartografía del sistema tradicional de partidos políticos.

El 2% de confianza en los partidos que informa el CEP y la serie de otros estudios de opinión y trabajos de más larga data confirman que los principales agentes de nuestra democracia muestran síntomas inequívocos de agotamiento. Los datos muestran de manera consistente la galopante crisis de representación y la creciente falta de conexión de los partidos con su electorado tradicional.

Estamos frente a una crisis del sistema tradicional de partidos. El descredito, perdida de relevancia y la fragmentación dan cuenta de la profundidad de la actual crisis. Esta partió hace años con el distanciamiento de los partidos de la sociedad civil y sus instituciones sociales. También, a que cada vez más se encuentran atrapados en el mundo del gobierno y el Estado. De este modo el control de los partidos se ejercerá desde el gobierno, debilitando la función de identificación y representación de los intereses y demandas sociales que tradicionalmente intermediaron. Los partidos se gubernamentalizaron: dejaron de representar intereses y se dedican solo a gobernar. El rol que tenían históricamente ha basculado hacia procesos funcionales a las necesidades del partido en el gobierno y en el Congreso. Cuestión a parte son las prácticas clientelares y de captura de las maquinarias partidarias por parte de las oligarquías que les permite el monopolio de las candidaturas y por tanto de la representación y el acceso al poder público. Aquí radica la llave maestra de nuestra actual partidocracia.

Sin embargo, en contextos como el actual, de impugnación y desprestigio de la clase política y los partidos, se parece estar comenzando abrir una ventana de oportunidades para partidos y movimientos independientes, así como también antisistémicos y apartidistas.

El 64 % de apoyo a la democracia según la CEP muestra que lo que se cuestionando no está en la democracia (legitimidad concreta) sino en la experiencia de esta en términos de resultados para resolver los problemas sociales (legitimidad difusa). Los ciudadanos no buscan renunciar a elegir a sus representantes, sino que ahora parecen estar más dispuestos a recurrir a apoyar candidatos o partidos que ofrecen opciones distintas a las tradicionales para enfrentar los problemas públicos.

Es en este contexto que pueden tener lugar el surgimiento de alternativas electorales partidistas o no partidistas que impugnan la idea predominante de la forma de hacer política, que se expresa en la crisis de legitimidad de las instituciones políticas tradicionales y en la creciente desconfianza hacia los partidos. No es, la democracia la que se busca desaparecer, sino las viejas prácticas de hacer política, las que se comienzan a ver abandonadas o sustituidas por nuevas formas de organización social, por partidos u organizaciones. Estas buscan competir dentro de reglas del juego electoral vigente sometiéndose a sus reglas, o por ciudadanos sin partido que buscan utilizar las fórmulas de candidaturas independientes que permite, aunque con restricciones la legislación vigente con sus modificaciones aún en discusión.

Debemos leer la apuesta de James Hamilton y su Partido por la Dignidad como un intento claro de disputar los espacios de representación, que busca quitarle a los partidos tradicionales el monopolio real de la representación, monopolio que se empieza a romper tanto por la emergencia de partidos nuevos como de candidatos apartidistas en tiempos de crisis de credibilidad de los partidos tradicionales, los políticos y la propia democracia.

Aún es muy pronto para aventurar si estamos frente a un funeral o a un bautizo, ante un nuevo ciclo o una inflexión de lo actual. Lo que comenzamos a observar es que el Partido de la Dignidad y otros que surjan son expresiones del fin o de la trasformación de la actual cartografía del sistema de partidos de la postransición.

Debemos ser claros, lo que se instala es la idea no del fin de la democracia sino de su instrumentación por partidos y organizaciones que muchas veces no comparten su valor esencial.

 

Marco Moreno Pérez es Cientista Político y Ph.D. en Ciencia Política por la Universiteit Leiden (Holanda). Actualmente es Director de la Escuela de Gobierno de la Universidad Central, y colaborador en la Corporación de Investigaciones Sociales (CISO)

Artículo publicado en El Mostrador, el 22 de enero de 2020