El próximo aniversario número 80 de la Organización de las Naciones Unidas encuentra al organismo en un escenario complejo, marcado por el debilitamiento institucional, la falta de consensos y una creciente pérdida de relevancia en la resolución de conflictos internacionales. En su más reciente columna, Iván Witker, investigador de CISO, plantea que la ONU, diseñada originalmente para garantizar la paz y la cooperación multilateral, enfrenta hoy una realidad distinta: la imposibilidad de gestionar intereses divergentes entre sus 193 miembros.
Witker explica que el colapso de los consensos globales ha transformado a la ONU en un espectador pasivo de conflictos como Ucrania, Gaza, Siria, Taiwán y el Mar de China Meridional. Su incapacidad para actuar de manera efectiva, sumada al uso estratégico del veto en el Consejo de Seguridad, ha impulsado la aparición de nuevas formas de cooperación internacional más flexibles: los minilateralismos.
Este fenómeno, que agrupa a pequeños bloques de países con intereses convergentes, está redefiniendo la gobernanza global. Ejemplos como Aukus, Quad, los Acuerdos de Abraham, el G-7 y el G-20 evidencian que las grandes decisiones estratégicas ya no dependen de las instituciones multilaterales tradicionales, sino de alianzas más reducidas, pragmáticas y adaptables a la realidad geopolítica actual.
Para América Latina, esta transformación ofrece tanto oportunidades como desafíos. Witker plantea que, en un contexto de fragmentación global, los países de la región podrían beneficiarse de integrarse a acuerdos minilateralistas en áreas clave como seguridad, innovación tecnológica y cooperación económica, asumiendo un rol más proactivo frente al declive de la ONU.
En conclusión, la columna subraya que la competencia entre potencias tecnológicas como EE.UU., China y Rusia está impulsando un nuevo orden internacional donde el multilateralismo tradicional pierde fuerza y el minilateralismo emerge como respuesta a un mundo cada vez más multipolar.







