Ricardo Parvex

Investigador asociado CISO, Doctor en Biología (Sorbonne, París), especialista en geopolítica y cooperación internacional. Profesor, columnista y ex corresponsal en París de Radio Cooperativa.

Ricardo Parvex

Investigador asociado CISO, Doctor en Biología (Sorbonne, París), especialista en geopolítica y cooperación internacional. Profesor, columnista y ex corresponsal en París de Radio Cooperativa.

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La ONU, 80 años. Triste cumpleaños
En esta columna, Ricardo Parvex analiza el debilitamiento de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a 80 años de su fundación, cuestionando su vigencia y su capacidad de enfrentar los desafíos del siglo XXI.
octubre 1, 2025

Este 2025 la Organización de las Naciones Unidas cumple 80 años y muchos se interrogan sobre el tiempo que le queda por vivir.  Algunos hablan de un “cadáver ambulante”, otros de “pato sin cabeza”, que sigue caminando, pero sin saber a dónde va. Sin embargo, esos funestos presagios no impiden celebrar estos días su septuagésima octava (78) Asamblea General.

Si tomamos en cuenta los datos de esperanza media de vida en Chile, debemos decir que entre los 80, 21 años de los hombres y los 83,36 años de las mujeres, pareciera que a la ONU no le quedará mucho tiempo por vivir.

El loable esfuerzo de entendimiento internacional nacido de las ruinas dejadas por la Segunda Guerra Mundial nunca permitió hacerse grandes ilusiones. Dag Hammarskjöod, su segundo secretario general, decía que su organización “no era para conducir la humanidad al paraíso sino para salvarla del Infierno”, pues en aquel tiempo había unanimidad para decir “nunca más”.

Aunque durante ocho décadas su vida siempre estuvo acompañada de tensiones y conflictos, su validez nunca ha aparecido tan gravemente cuestionada como lo es hoy. La crisis que vive la Organización de las Naciones Unidas (ONU) no data de hoy, es una situación que se arrastra desde hace mucho, pero que se agudiza gravemente desde el comienzo del presente siglo.

Tres factores de la crisis

Tres factores parecen estar al origen de su peligrosa degradación actual. En primer lugar, uno de orden histórico, el carácter obsoleto de su estructura orgánica, heredada de otros tiempos, con una sobrerrepresentación de las cinco naciones vencedoras de la Segunda Guerra Mundial y una subrepresentación de países que durante estas últimas décadas han emergido como potencias regionales o mundiales (China, India, Brasil, Sudáfrica…)

En segundo lugar, la sostenida y permanente voluntad de desacreditar y debilitar los acuerdos multilaterales globales, privilegiando los entendimientos bilaterales que crean una desigualdad entre los socios, ejemplo, entre los EEUU y países pobres y dependientes; entre Francia y algún país africano, etc. Aparte del desequilibrio -que consiste en firmar “acuerdos entre el tiburón y las sardinas”, según un antiguo diplomático-  y la desaparición de la protección de un marco internacional global que preserve y ampare al más débil, el abandono de la multilateralidad contribuye a fragmentar y segmentar los programas de cooperación internacional, los acuerdos comerciales, los tratados de cooperación regional o internacional, así como la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Acuerdo de Libre Comercio Norte Americano (ALENA), el Tribunal Penal Internacional (TPI),  etc.

El tercer factor que parece intervenir en la grave fragilización de la ONU tiene que ver con la creciente transgresión y la flagrante violación de los tratados internacionales, tales la Convención de Ginebra sobre Crímenes de Guerra y el veto que las grandes potencias emiten para ocultar y dejar impunes las violaciones cometidas por ellos o sus aliados (EE. UU. respecto a Israel, Rusia en Ucrania).

Trump y su cruzada anti-ONU

Hay que agregar que la administración Trump se ha mostrado particularmente activa no solo en anular o desactivar la mayor parte de los tratados multilaterales, sino también en desmontar y boicotear todas las iniciativas de la ONU. Entre otras medidas hay que destacar el corte del financiamiento que los EEUU le aportaba y que hace bajar su presupuesto de 20%. Víctimas de esta grave decisión podemos citar, entre otras, a las diversas agencias de la ONU, como son la UNESCO, la FAO, la UNICEF, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, la ACNUR, los Acuerdos de París sobre el medio ambiente…etc. que además de perder financiamiento han sido cancelados por los EE. UU., ignorando y desacreditando sus objetivos.

Caricaturizando la oposición al multilateralismo de Trump, un comentarista francés explica que el término MULTILATERALISMO tiene demasiadas sílabas para que el presidente norteamericano pueda pronunciarlas.

En el plano de la diplomacia formal hay que agregar que, a la falta de respeto de los acuerdos, se añade una burla, una insolencia y una mala educación pocas veces vistas.  En su discurso frente a la Septuagésima octava (78) Asamblea General el mandatario norteamericano se permitió hablar casi una hora (55 minutos) sin respetar los 15 minutos impartidos a todos los intervinientes y hacer grosera mofa, por ejemplo, del estado de la escalera mecánica.

Infinitamente más grave han sido dos hechos que los medios internacionales casi no han mencionado: la negación de visa a Mahmud Abas, Presidente de la Autoridad palestina, para asistir a la Asamblea general que debía justamente tratar la dramática agresión que sufre su pueblo. Peor aún ha sido el silencio y la dócil aceptación que frente a esta medida arbitraria y contraria a los principios y prácticas de la ONU, ha asumido el Consejo de Seguridad. En efecto, la sede de la ONU que tiene sus locales en Nueva York goza de una extraterritorialidad propias a las instituciones internacionales, esa calidad ha sido groseramente vulnerada y violada por el gobierno de D. Trump sin explicación ni justificación alguna.
  
Multilateralismos a la medida y nuevas alianzas

Para muchas potencias intermediarias, pero sobre todo para los EEUU, rehusar la supranacionalidad y la autoridad superior de la ONU y de los tratados internacionales no significa necesariamente no buscar otros acuerdos internacionales. Por el contrario, ellas buscan concebir organizaciones o tratados multinacionales que escapen o no estén sometidos a la potestad de las Naciones Unidas, como es el caso del G7, el G20, la OTAN, etc. En definitiva, se trata de refundar, según sus propias leyes e intereses, acuerdos internacionales, diseñando un aparataje a su medida, disposición y conveniencia.

Frente a esta bancarrota política, los nuevos grandes actores planetarios, ausentes de las esferas del poder onusiano, tal que Brasil, India, China, Sudáfrica buscan estructurar nuevas alianzas multinacionales que les hagan pasar de meros espectadores a protagonistas activos del que hacer mundial. Esos nuevos multilateralismos, nacidos de encuentros de pasillos (“reuniones no en la sala de clases sino en el patio”, comenta un analista) y de intereses puntuales comunes, han dado lugar a distintas organizaciones que reúnen de manera informal pero muy dinámica a los grandes países emergentes.

Europa, la gran ausente

Puesta frente a un tablero “a dos bandas”, la Unión Europea (UE) muestra una inquietante parálisis política. Aunque la agresión rusa a Ucrania debiera haber creado una sólida unidad, dado que los hechos tienen lugar en el propio territorio europeo, nada de eso parece muy claro. Gobiernos de extrema derecha como el de Víctor Orbán en Hungría, mantienen una actitud ambigua y a veces hasta cómplice con el Kremlin.

La guerra de exterminio que la administración Netanyahu lleva a cabo contra el pueblo palestino ha dejado indiferente a una gran mayoría, “silenciosa”, de los 27 miembros de la UE. Honrosa excepción, el gobierno español de Pedro Sánchez que ha decidido cerrar puertos y el espacio aéreo a todo material bélico con destino a Israel.

En ambos casos, ni siquiera el drama humano ha sido capaz de sacar a Europa de su inercia, abulia y dependencia estratégica frente a Trump, cada vez más autoritario, avasallador e imprevisible.

Para el viejo continente es difícil alejarse de su tradicional protector y separar aguas con Washington, al mismo tiempo, aliarse a los BRICS parece histórica y culturalmente irrealizable. Sin embargo, está claro que fuera del ámbito de la ONU, donde la palabra europea puede tener un peso, la actual fragilización de esta organización multilateral, resta mucha influencia a la opinión de Bruselas.

¿Correrá la ONU el mismo triste destino que la Sociedad de Naciones, asesinada cuando la correlación de fuerzas bélicas reemplazó a los tratados de paz y a las instituciones internacionales? ¿Acaso no es esto lo que hoy tenemos bajo nuestros ojos?

¿Podrá solo la buena voluntad política, el irrestricto respeto de los tratados internacionales y la aplicación de principios democráticos salvarnos del infierno del que hablaba uno de sus fundadores?

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Fecha de publicación: Oct 1, 2025

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