La capacidad de un gobierno para negociar y alcanzar acuerdos con sus contendores políticos es una condición fundamental para la estabilidad y eficacia de las democracias modernas. Así lo señala el economista y académico Pablo Cabezas en su columna publicada en La Segunda, donde advierte que la falta de disposición al diálogo puede erosionar la legitimidad institucional y profundizar la crisis de confianza ciudadana.
“La negociación política no es un signo de debilidad, sino de madurez democrática”, plantea Cabezas. Reconocer que ningún actor posee el monopolio de la verdad ni del poder es esencial para que las políticas públicas surjan del consenso, la deliberación y el respeto a la diversidad ideológica.
El autor observa que la creciente polarización que vive Estados Unidos refleja las consecuencias de perder la capacidad de persuasión y construcción de acuerdos, situación que ha llevado a la parálisis del aparato público, con cierres del gobierno y bloqueos legislativos que impiden aprobar presupuestos o designaciones clave.
“La lección es clara”, señala Cabezas: en los regímenes donde el poder no se concentra en una sola figura, la negociación no es una opción, sino un mecanismo vital que permite que el Estado funcione y que la voluntad popular se exprese de manera efectiva.
Para el académico, la incapacidad de un líder para generar consensos no solo debilita su gestión, sino que además pone en riesgo la confianza en la democracia misma. En tiempos de fragmentación y desafección política, el arte de negociar vuelve a ser una virtud indispensable.







