Marcelo Diaz S.

Investigador asociado CISO, Abogado, Magíster en Ciencia Política, exdecano de Derecho UDA y académico en diversas universidades.

Marcelo Diaz S.

Investigador asociado CISO, Abogado, Magíster en Ciencia Política, exdecano de Derecho UDA y académico en diversas universidades.

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Resiliencia ante la incertidumbre
A más de dos décadas del inicio del siglo XXI, la fragilidad democrática y la incertidumbre global se han convertido en realidades persistentes. Frente a un escenario internacional marcado por la imprevisibilidad política, el debilitamiento del multilateralismo y la polarización social, la resiliencia emerge como una herramienta clave para que los Estados enfrenten la adversidad y fortalezcan su democracia.
enero 21, 2026

Con el cierre de 2025, luego de revisar la prensa nacional e internacional, es dable discurrir que -cumplido el primer cuarto del siglo veintiuno- la fragilidad democrática y la incertidumbre social son hoy realidades tangibles, no previstas o esperadas cuando -a finales del siglo anterior- la caída del muro de Berlín y la consolidación de la economía de mercado auguraban lo contrario. Extrañamente, es una de las más antiguas y reconocidas democracias del mundo la que, con su liderazgo, impulsa la actual incertidumbre política, económica y social que observamos. Sus posturas impredecibles sobre el comercio internacional o el respeto a los acuerdos diplomáticos, su discurso divisivo y promotor de tensiones raciales, culturales y migratorias, su inobservancia o elusión tanto del propio derecho interno como del internacional, son antecedentes fundantes de la falta de certeza que nos afecta y aflige y nos impide predecir con exactitud cómo desarrollar nuestro comercio, velar por nuestra seguridad o ejercer nuestra soberanía.
Así, ante el constante anuncio de cambios en los aranceles aduaneros, donde a partir de un solo mensaje oficial se modifican las reglas del juego en cualquier momento, la economía global se ha transformado en campo de batalla del proteccionismo, cuestión que dificulta toda planificación de largo plazo en la materia. De igual forma, el paso de una política exterior basada en reglas a otra sustentada en transacciones (o en el simple uso de la fuerza), deja a muchas naciones en clara y abierta vulnerabilidad frente a las grandes potencias. Del mismo modo el incumplimiento de los tratados y la pérdida de eficacia de los organismos internacionales, obliga a los países a redefinir -bajo una lógica de autosuficiencia- su soberanía y seguridad nacional. Y, finalmente, en lo que resulta más lamentable, el discurso divisor se ha convertido en un modelo de éxito para movimientos populistas, cuyo uso ha debilitado la cohesión social y fragilizado la democracia frente a la retórica de la polarización.

Frente a tal incertidumbre, y al igual que como muchas personas lo hacen a diario, los países pueden ser capaces de sobrevivir y sobreponerse, basados en su propio espíritu o fuerza interior que les ayuda a concebir herramientas o recursos, algunas veces desconocidos o no imaginados de antemano, que les permiten avanzar y salir delante de las dificultades que la falta de certeza provoca. La resiliencia o capacidad humana de adaptarse positivamente frente a la adversidad se convierte de esta forma en el camino adecuado para enfrentar nuevos desafíos, en una confluencia dinámica de factores que favorecen la adaptación. Resiliencia que no sólo se traduce en entereza ante la incertidumbre, sino también se constituye en un proceso dinámico de transformación frente a lo inesperado.
A nuestro juicio, tres pilares fundamentales permiten descubrir o construir ese espíritu o fuerza interior destinada a lograr la resiliencia nacional, a saber:

  • Innovación emergente, o sea, activación de recursos latentes para resolver problemas que las estructuras tradicionales ya no pueden cubrir.
  • Adaptabilidad Institucional, es decir, capacidad de las instituciones para reformular sus estrategias frente a la incertidumbre.
  • Capital Político, esto es, fortalecimiento de los vínculos con la ciudadanía, para favorecer respuestas colectivas a la falta de certeza.
    Un ejemplo paradigmático de nuestra innovación emergente se manifiesta en el uso de la energía. Chile no es productor de petróleo, y su dependencia de combustibles fósiles es mayor al 85%, donde más del 80% de dichos combustibles es importado. Esto es un desafío significativo, pero también una oportunidad para avanzar en un desarrollo productivo sostenible. Hoy nuestra matriz energética está cambiando rápidamente hacia el uso de energías renovables. En 2025 más del 50% de la energía eléctrica nacional se generó a través de fuentes como la solar, la eólica o la hidráulica, y la Política Energética Nacional busca que a 2050 el sector eléctrico operará con un 100% de energía cero emisiones.

Otro claro ejemplo de construcción de resiliencia, esta vez en adaptabilidad institucional, es la constitución de sociedades conjuntas público-privadas para desarrollar actividades de exploración, explotación, producción y comercialización de litio. Chile es líder en producción de cobre y litio, dos de las materias primas imprescindibles para avanzar en la transición energética, lo que implica una oportunidad estratégica de generar un alto impacto en el desarrollo económico y social futuro. La conciliación de la institucionalidad vigente (para el caso empresas del Estado -CODELCO, ENAMI- orientadas a la producción de cobre) con un sector privado con conocido know how en el negocio se traduce en condiciones óptimas para la materialización de cualquier estrategia integral que favorezca el éxito del mismo, permitiendo al Estado capturar renta estratégica sin renunciar a la eficiencia operativa de la empresa privada Sin embargo, ambos ejemplos, a pesar de su notoriedad, han presentado falencias por escasez de capital político, de acciones estratégicas que permitan el cumplimiento no sólo de las expectativas institucionales sino también de las ciudadanas. Un elemento clave para la fortaleza y estabilidad democrática es la adecuada participación ciudadana, una participación que debe ser debidamente informada, promovida y gestionada. Escuchar y responder a tiempo las demandas sociales es esencial también para superar la incertidumbre, siendo el principal desafío que estados como el nuestro deben enfrentar en esta nueva realidad. La falta de cohesión social puede anular los éxitos técnicos, en otras palabras la resiliencia nacional no es sostenible sin legitimidad social.

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Fecha de publicación: Ene 21, 2026

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