Christine Delfour

Investigadora asociada CISO, Politóloga y catedrática universitaria, especialista en procesos democráticos y sistemas políticos en América Latina.

Christine Delfour

Investigadora asociada CISO, Politóloga y catedrática universitaria, especialista en procesos democráticos y sistemas políticos en América Latina.

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Venezuela: Make Colonization Great Again
En su más reciente columna, la politóloga e investigadora CISO, Christine Delfour analiza el giro radical de la política exterior de Estados Unidos desde enero de 2026, marcado por la intervención directa en Venezuela, el uso explícito de la fuerza y la reaparición de una lógica de recolonización que redefine el orden geopolítico en América Latina y el mundo.
febrero 6, 2026

Desde el 2 de enero de 2026 vivimos un momento geopolítico inédito. Desde la segunda guerra mundial los Estados Unidos no habían nunca, en el espacio de algunas horas, amenazado de intervenir en cinco países extranjeros: Cuba, Colombia, Irán, Méjico y Groenlandia después de haber capturado y secuestrado un presidente para juzgarlo. Jamás habían hecho de la anexión territorial un objetivo “explícito” de su política exterior. Jamás soldados norteamericanos habían pisado el suelo de América del Sur.
Esta espectacular demostración de fuerza y de brutalidad nos tiende en realidad una trampa. Si en Venezuela hemos asistido a un golpe contra un dictador pero no todavía contra una dictadura, es que en realidad el verdadero cambio no está en Caracas sino en Washington.
La doctrina global de Trump – la ‘recolonización” – es explícita, radical, reaccionaria y violenta. Se expresa a partir de una nación, la nación norteamericana -, en los términos de “Bring Back Colonialism”, Make Colonialisation Great Again” Ya que, según Trump, lo que peligra es, con el exterior, la seguridad económica de los Estados Unidos que pasa por la subida de los aranceles, el control del petróleo mundial y de las tierras raras e, internamente, la expulsión de los inmigrantes y la lucha contra el narcotráfico que fagocitan y aniquilan lo genuinamente norteamericano, blanco y creyente.
Pero es ilusorio pensar que la seguridad económica de los Estados Unidos pasa por el control de los recursos venezolanos, tal como Trump dijo el 3 de enero: “Vamos por fin a tomar el petróleo” cuando secuestró a Maduro o la era de los mercaderes y de los predadores sin vergoña en tiempo real.
Pero, el petróleo lo es todo?
Trump no inventa nada sino que fanfarronea. Ya sus antecesores en los siglos pasados se apropiaron de los recursos de América latina, Africa o Medio oriente como lo hicieron los españoles, los británicos, o los franceses. Es el petróleo la clave? El manantial casi mágico de la potencia publica? Con el petróleo se controla el mundo? Falso dirán algunos economistas como Robert Vitalis 2 De hecho los Estados Unidos no se hicieron con el petróleo tras la guerra de Irak ni tampoco con el control de los precios del oro negro. Las compañías estadounidenses dudaron en instalarse en Irak. Permaneció entonces el petróleo en el mercado mundial asequible a otras potencias soberanas, China por ejemplo, pero también grupos terroristas como Daech! Trump considera que los Estados Unidos han fallido en no controlar el petróleo en Irak entonces, quiere hoy, con Venezuela, hacerlo. Pero, se enfrenta a una realidad distinta: el petróleo venezolano es pesado, viscoso, costoso a extraer y a refinar. Las inmensas reservas permanecen teóricas y se necesita reconstruir las infraestructuras necesarias a la explotación. Permanece asimismo elevado todavía el “riesgo país ” de Venezuela para las empresas multinacionales que eventualmente podrían volver a Venezuela. De hecho en la reunión del 10 de enero a la cual fueron convocadas en la Casa Blanca, solo Repsol la multinacional española y Chevron, la norteamericana se declararon interesadas. Tiene valor el petróleo gracias a las inversiones y a la “expertise” de estas empresas así como a la estabilidad del mercado. Y es todo lo que hace falta aún hoy a Venezuela.
Trump lo sabe y, por eso, prefiere la “estabilidad” que proporciona un régimen cívico-militar como el venezolano a una vía democrática incierta. Estabilidad reforzada por la presidenta de la transición Delcy Rodriguez nombrada por Maduro en 2018 al ministerio de la industria petrolera estatal quien emprendió entonces un reordenamiento de las finanzas, abrió el país al libre mercado y a las inversiones extranjeras en la industria petrolera qua estaba dando resultados.
Se sabe que emisarios de Marco Rubio, Secretario de Estado, negociaban ya desde hace varios meses con la ahora presidenta en Qatar, mientras, de forma paralela, finalizaba la firma de contratos de Venezuela con China. De hecho, el canciller chino fue el último visitante de Maduro antes de su secuestro. Venezuela es el símbolo de la disputa hegemónica que enfrentan los Estados Unidos y China en América latina (y en el mundo) donde la potencia asiática está presente en todos los países desde décadas. Tampoco puede anular Trump los contratos firmados entre China y Venezuela aunque vocifera lo contrario! Estos elementos ponen al desnudo la ineficacia de las acciones de la Casa Blanca en el exterior aunque esta desmentida internamente destilando un relato nacional reinventado en la sociedad norteamericana con la Nueva Doctrina Monroe publicada en diciembre de 2025.
Y el narcotráfico?
Las acusaciones de narcotraficante y de cabeza del cartel de Los Soles 3 en contra de Maduro tan mediatizadas el 3 de enero desaparecen el 4 en el documento de acusación del juez norteamericano. No se sustentan en nada. Según varios expertos Los Soles no son una organización criminal como tal, tipo, un cartel jerarquizado como los carteles mejicanos o colombianos ; el Fontanyl que invade el mercado norteamericano proviene de China y de Méjico, no de Venezuela ; el mercado europeo es más atractivo para la cocaína que para Estados Unidos 4 . Sin embargo, el tráfico de drogas y la corrupción dominan las instituciones estatales venezolanas, en particular las fuerzas armadas. Es cierto. Estas permitieron al tráfico de prosperar por la frontera muy porosa de Colombia encabezado por antiguos guerrilleros de las FARC y miembros de los carteles colombianos. Este movimiento se generalizó después de la muerte de Hugo Chavez a políticos y civiles de las administraciones del Estado en un momento clave de crisis económica generalizada. Ya las acusaciones de Venezuela, “estado narcoterrorista’ se esfumaron en el lenguaje de la administración trumpista.
En conclusión : quién gana? Quién controla quién? Y qué esperar para América latina? Frente a esta hyperpotencia numérica de los Estados Unidos, primer ejército del mundo, quién puede hacerles frente? Quién puede resistir? Qué queda para Venezuela y para América Latina? Todo apunta, por un lado, a una generalización de gobiernos autoritarios y capitalisticos de un nuevo tipo dirigidos por la Casa Blanca donde se le antoja. . En este sentido, la estrategia de Trump es muy similar a la de China y de Rusia ambos regímenes con vista de imperios autoritarios, armentistas y capitalisticos. Y la democracia? La civilización? Los pueblos?
Trump apuesta, por otro lado, por un alineamiento de los países de la región gobernados por dirigentes de derecha o extrema derecha: Argentina, Bolivia, Chile, Perú, Ecuador, Honduras, Paraguay, República Dominicana, El Salvador. En definitiva asistimos mudos y paralizados a la estrategia de “abordaje” del Estado con una gestión, una gobernanza privada e, in fine, una negación de los pueblos, de la democracia y de los valores universalistas. Esta estrategia destructiva ( casi fascinante y aparentemente incoherente) del orden democrático y del orden mundial, de “de-civilización” se realiza a una velocidad vertiginosa como si Trump se apropiase del Tiempo. “El Tiempo de las Luces oscuras invisibiliza “le Temps des Lumières”.

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